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 Sofá nuevo con muchos desperfectos
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lmarias

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Posted - 19/07/2009 :  13:24:15  Show Profile  Reply with Quote
No volvería a comprar un sofá de Tapicerías Navarro. Ésta es la principal conclusión que obtengo después de haber invertido 2.600 euros en un conjunto de su modelo York (compuesto por un 3 plazas reclinable, un 2 plazas fijo y un sillón individual reclinable). Desde que lo compré, todo han sido problemas, debido a la cantidad de desperfectos en ellos.

Hay que aclarar que tuve en junio de 2008 un accidente en el que se me explotó la lumbar L-1. Por tanto, tengo que tener especial cuidado, por mi espalda, a la hora de elegir los elementos de descanso de mi casa. Y mi anterior sofá tenía más de 20 años.

Buscando tresillo, en una tienda me enseñaron por catálogo los sofás York de Tapicerías Navarro en noviembre de 2008. Como quería probarlos, llamé a la fábrica (encontrando su teléfono en su página web: http://www.tapiceriasnavarro.com). Me facilitaron el contacto de su representante en el área Centro, Pablo Ortega, y éste el de la Colchonería Sol, en Talavera de la Reina Toledo). Tenían un modelo (de una plaza) en exposición, por lo que podría probarlo.

Acudí desde Madrid a la Colchonería Sol. Allí, su copropietario, Antonio García del Río, me atendió perfectamente. En su catálogo de telas, no tenía la Quantum 17, una que sí me habían mostrado en Madrid y que me había gustado. Después de hablar con Pablo Ortega, Antonio García del Río me comunicó que la Quantum 17 estaba disponible. El presupuesto que me daba era de 2.683 por un 3 plazas reclinable, un 2 plazas fijo y un sillón individual reclinable con esa tela de clase E, la superior.

Decidí comprarlos, por lo que hice una transferencia de 540 euros a Antonio García del Río el 13 de noviembre (de 2008). Él hizo el pedido a Tapicerías Navarro y me señaló que en aproximadamente un mes y medio los tendría en mi casa.

Pues bien, a la semana me llamó para decirme que realmente la Quantum 17 no estaba disponible. Le solicité que entonces me pidiera la Krono-01. Como era clara, tuve dudes y le llamé al día siguiente para señalarle que quería escoger otra tela. Pablo Ortega vino diligentemente a mi casa con el muestrario y al final opté por la Kauai 23. Antonio García del Río me los rebajó a 2.600 euros por el inconveniente de la tela y me indicó que pediría a fábrica que se dieran prisa por haber perdido una semana. Yo le contesté que prefería que tardaran más, mientras los hicieran bien. Algo en lo que no me debieron de hacer mucho caso en Tapicerías Navarro.

En la semana de Navidad, me trajeron los sofás a casa y pagué a Colchonerías Sol el resto del importe. Aparentemente, parecían que estaban bien, pero a los pocos días me di cuenta que la estructura del brazo derecho del tresillo de tres plazas esta deformado, torcido. Esto lo comuniqué a Antonio García del Río. Asimismo, para colmo, la tela se empezó a deteriorar, sobre todo en la parte de los cojines sobre la que se apoya el cuerpo, y en 15 días parecía que tenían más de 3 años. Surrealista.

A finales de enero, por fin vino Pablo Ortega a ver cómo estaban los sofás. Una de las soluciones que me ofrecían era cambiar los cojinetes y que viniera alguien de fábrica a arreglar el brazo deformado. Le comenté que prefería que me cambiaran la tela, puesto que podía pasar lo mismo. Además, dicha tela olía como a polvo y me estaba dando una especia de alergia cada vez que me sentaba en los sofás.

Transcurrido como un mes, por fin me confirmaron que me cambiaban los sofás por unos nuevos con otra tela. Tapicerías Navarro no quería hacerlo, pero al final accedió por las gestiones de Antonio García del Río. Al tiempo me enteré, por el mismo, que los dueños de la fábrica querían hacer repercutir el coste de los nuevos sofás (y de su error) en el sueldo de Pablo Ortega –no sé que pasó finalmente–. Ante esto, escogí la Rustika Fuji Yama 07, puesto que mi hermano tiene uno con una tela Rustika y es muy resistente. Les imploré que en esta ocasión los hicieran cuidando el más mínimo detalle.

Debía ser marzo cuando me trajeron los nuevos sofás. En el momento en que me los llevaron no me di cuenta de los fallos. Después, observé que la estructura del de tres plazas también estaba deformada, que había una costura interna sin coser, que los dos cojinetes del de tres plazas eran de diferente densidad cada una y que los apoyabrazos tenían una medida diferente cada uno (percibiéndose estéticamente). Es decir, una auténtica chapuza. No debían de haber cuidado ni un solo detalle.

Se lo comenté a Antonio García del Río y vino a mi casa acompañado de Pablo Ortega en abril. Les expuse todos los defectos, que apunté para que no se me olvidaran. Las respuestas que me dieron no me satisficieron en absoluto. Respecto a los apoyabrazos, declararon que como era hecho a mano no podía pretender algo perfecto como cuando compras “una cocina”. De la deformidad, que era por el grosor de la tela (no es cierto, es por la estructura interna) y que no era perceptible. De los cojinetes, no notaban nada, según ellos. Claramente, tal y como se pueden ver en las fotografías, están mal tapizados.

Les hice saber que la próxima vez me compraría un Natuzzi o marca semejante (de precio muy poco superior al que había comprado en Tapicerías Navarro). Y Antonio García del Río me espetó que me sorprendería de los problemas. Por ahora, de quien me he sorprendido es de Tapicerías Navarro. Mi hermano mayor tiene un Natuzzi y está encantado.

Antonio García del Río me llegó a comentar que les estaba diciendo que el producto era una “mierda” (nunca salió ese adjetivo de mi boca, aunque se asemeja bastante a lo que pienso de los sofás) para que me devolvieran el dinero. La verdad es que esa opción era la justa, pues considero que lo que tengo en casa no vale 2.600 euros, cantidad que cuesta mucho esfuerzo ganar.

Antonio García del Río y Pablo Ortega se fueron de mi casa con la conclusión de que pasarían algunas (no todas) de mis quejas a fábrica. El 29 de abril llamé a Tapicerías Navarro y hablé con María José, que se identificó como propietaria. Me argumentó que ella no me había vendido el sofá y que tenía que dirigirme a Antonio García del Río. Que ella no podía “perder el tiempo por un centímetro de diferencia” (los apoyabrazos oscilan entre 67 y 69 centímetros aproximadamente, pero en la información de la página web no viene indicada cuál es su medida). Por cierto, que la altura del sillón individual Rustika Fuji Yama 07 con tela es sensiblemente inferior a la del primer Kauai 23.

Finalmente, vino Pablo Ortega con el hijo de la dueña de Tapierías Navarro, después de mandar a ésta un correo electrónico con fotografías. Me cambiaron los cojinetes, me pusieron unos refuerzos a la estructura y se llevaron el respaldo con la costura interna suelta. Los apoyabrazos y otros desperfectos se quedaron tal cual. A los dos días recibí el respaldo arreglado. Decidí olvidarme del tema y comprar unos sofás nuevos dentro de un tiempo. Es decir, perder los 2.600 euros. Lo único es que estos sofás, al menos, son muy cómodos.

Sin embargo, el 28 de junio se soltó otra costura interna de otro de los respaldos. Y eso que no hay niños en casa y que vivo solo (a veces vienen mis padres de visita). Se lo comuniqué a Antonio García del Río, tanto por teléfono como por correo electrónico. A pesar de decirme que haría que Pablo Ortega me llamase al día siguiente, a día de hoy no he recibido ninguna respuesta ni comunicación. De hecho, he decidido que me lo arregle un tapicero y escribir este texto para describir mi mala experiencia comprando en Tapicerías Navarro. No volveré a comprarles nada.

L.M. Arias


L.M.Arias
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